PARA UNA MANIPULACIÓN SEGURA DE LAS SOBRAS

30 junio 2012


Lo primero que hay que recordar es que, una vez cocinados los alimentos, deben refrigerarse o congelarse en un plazo de dos horas, que incluye el tiempo que pasan fuera del frigorífico o del horno antes de servirse y en la mesa durante la comida. Si se mantienen a temperatura ambiente durante más de dos horas (una hora, si la temperatura es alta), las bacterias pueden reproducirse hasta alcanzar niveles nocivos, por lo que el consumo de estos alimentos puede resultar peligroso. No se pueden volver a utilizar de forma segura. 

La comida que ha pasado menos de dos horas a temperatura ambiente, puede guardarse sin ningún peligro, siempre que se manipule adecuadamente (excepto los alimentos para bebés, cuyas sobras deben tirarse después de la comida). Lávese las manos, utilice siempre utensilios limpios y no permita que los alimentos entren en contacto con ninguna superficie que no se haya limpiado previamente. Antes de servir, retire el relleno de las aves y los huesos de la carne roja.

Para guardar las sobras, han de colocarse en un recipiente limpio, no deben dejarse en el que se cocinaron o sirvieron. Divida las porciones grandes en raciones más pequeñas y coloque éstas en recipientes de un máximo de 5cm de profundidad, para que se refrigeren más rápido.

No deje los alimentos enfriarse en la encimera de la cocina. Remover la comida puede contribuir a que se enfríe antes, pero debe taparse inmediatamente después y guardarse en el frigorífico. Para acelerar la refrigeración y hacerla uniforme, deje espacio alrededor del recipiente cuando lo coloque en el frigorífico o el congelador. Lo ideal sería enfriar los alimentos antes de congelarlos, para que conserven su estructura.



Recomendamos que las sobras se consuman en un plazo de dos días. Algunos productos se mantienen en buen estado entre tres y cinco días, pero cuanto más tiempo se conserve la comida cocinada, mayor será el riesgo de intoxicación alimentaria. Congele todo resto que no se vaya a comer de inmediato, sin olvidar señalar la fecha en el recipiente.

Existen tres formas de descongelar sin peligro las sobras congeladas: en el frigorífico, en agua fría y en el microondas. La más segura es planear con antelación la descongelación progresiva en el frigorífico. Si desea acelerar el proceso, coloque los alimentos en una bolsa de plástico hermética y sumérjala en agua fría. Cambie el agua cada media hora.

Al recalentar los restos, deje que las salsas, las sopas y los jugos de la carne entren en ebullición. Las demás sobras deben calentarse uniformemente a 75ºC. Remueva bien la comida para asegurarse de que se calienta por todas partes y sírvala muy caliente. Evite recalentar la comida más de una vez y mezclar las sobras con alimentos frescos.

No pruebe nunca las sobras cuando no esté seguro de su inocuidad o no sepa cuánto tiempo llevan almacenadas. Tire enseguida cualquier alimento conservado durante demasiado tiempo, o cuyo aspecto u olor resulten dudosos.

Fuente: Consejo Europeo de Información sobre la Alimentación  (EUFIC)
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LA COMIDA QUE TIRAMOS

23 junio 2012


Según un artículo aparecido en La Vanguardia, cada año se pierden hasta el 50% de los alimentos sanos y comestibles a lo largo de todos los eslabones de la cadena agroalimentaria, lo que en números redondos implica más de 89 millones de toneladas.

Al parecer, los alimentos han perdido el valor que antaño tenían. Actualmente solo gastamos un 15% del presupuesto en alimentación, frente al 70% que se dedicaba en los años cuarenta. El mejor nivel económico de las familias nos ha llevado hacía conductas totalmente despilfarradoras: comprar, tirar y volver a comprar.



Este gran problema se torna mucho más irracional cuando se contrasta con otra cuestión: actualmente el planeta Tierra alberga ya a mil millones de hambrientos, la séptima parte del planeta. Esto es algo completamente inconcebible.

Actualmente el Parlamento Europeo está trabajando en soluciones a este problema, ya que evidentemente esto no puede seguir así. La comisión de Medio Ambiente por su parte  propone modificar las normas sobre caducidad que obligan a desechar toneladas de alimentos que todavía son aptos para el consumo. Otras alternativas complementarias serían recuperar esos productos desechados para su reparto entre la población necesitada  o para la producción de biomasa. La comisión de Agricultura, por su parte, va más allá y apuesta por buscar estrategias que impliquen a toda la cadena alimentaria, incluyendo la producción y la distribución, porque el despilfarro de alimentos se produce mayoritariamente en estos puntos.

“Lo que sí ya es seguro es que el 2013 se convertirá en el año europeo contra el Despilfarro, lo que ayudará a sensibilizar a los agentes implicados en la cadena alimenticia, sobre todo, a los consumidores. Porque, lo más grave es que los ciudadanos no son conscientes de lo que están haciendo: los consumidores creen que el porcentaje de lo que tiran es del 4%, cuando en realidad alcanza casi el 20%”.

Creo que vale la pena reflexionar al respecto. 

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COMPONENTES DEL EJERCICIO FÍSICO

16 junio 2012


Como comentamos en artículos anteriores, una sesión óptima y útil de ejercicio físico debe basarse en tres grandes pilares: unos principios que debe cumplir, unos componentes que debe tener, y finalmente unas partes que debe seguir.

Después de enumerar y explicar brevemente los principios del ejercicio, hoy veremos los componentes de la prescripción del ejercicio como base para complementar una buena dieta con el fin de mantener un óptimo estado de salud. Estos componentes nos definen como deben ser, de una forma un poco más específica, los ejercicios que componen nuestra sesión.

Estos componentes son: el tipo de ejercicio, la intensidad, la duración, la frecuencia y, finalmente, la progresión en los ejercicios. Todas estas variables condicionaran los resultados de nuestra sesión de ejercicio, y se deben de combinar de forma adecuada para cada persona según su situación, características personales, objetivos, estado de forma inicial, etc.

TIPO DE EJERCICIO

Es importante tener en cuenta que las mejoras que el ejercicio puede provocar en nuestra calidad de vida  se obtienen a través de distintos tipos de ejercicio. Con esto, queremos decir que un plan de ejercicio saludable debe contener ejercicios de todo tipo:

-       Ejercicios aeróbicos, como puede ser andar, correr suavemente, ir en bici o nadar
-       Ejercicios de resistencia muscular, como serian las pesas del gimnasio, pesas libres o ejercicios de fuerza.
-       Ejercicios mas de tipo anaeróbico, es decir, que nos impliquen un esfuerzo mayúsculo durante un período corto de tiempo, por ejemplo subidas rápidas en escaleras.
-       Ejercicios de movilidad articular y estiramientos.
-       Ejercicios de relajación, concentración y equilibrio, como podría ser el yoga.

Por eso, es importante no centrarse en un solo tipo de ejercicio, ya que no solamente obtendremos un mayor beneficio sino que también será más ameno para el practicante.  


INTENSIDAD

La intensidad determina los cambios fisiológicos y metabólicos del organismo durante el programa de ejercicio. Según la intensidad a la cual trabajemos, estaremos potenciando o trabajando más unas cualidades que otras. A modo general, a intensidades menores tendemos a mejorar nuestra resistencia de larga duración, a intensidades medianas la resistencia de corta duración y con ejercicios muy intensos trabajamos más la fuerza muscular. Es muy interesante trabajar a distintos tipos de intensidad al nivel que nos interesa, pero siempre partiendo de intensidades bajas e ir subiendo.

DURACIÓN

Esta inversamente relacionada con la intensidad; es decir, a más intensidad, menos duración  podrá tener el ejercicio. La duración de los ejercicios y de la sesión en general dependerá del estado de salud, nivel de condicionamiento físico inicial y los objetivos del programa de ejercicio. En general, y muy especialmente en gente mayor o sedentaria, es muy importante aumentar primero la duración que la intensidad del ejercicio. Cuando sea conveniente, se aumentará la intensidad, volviendo a reducir la duración y así sucesivamente. Como norma general, de un principio no pasaremos de los 60 minutos, para evitar sobrecargas.

FRECUENCIA

La frecuencia de práctica de ejercicio ideal es un mínimo de 3 días por semana no consecutivos. En un principio, con esto, y más si partimos de cero, notaremos una importante mejora en nuestras cualidades físicas y también mentales. Aún así, la frecuencia está muy relacionada con la duración y la intensidad. También es sumamente importante que diariamente se realicen pequeñas acciones que impliquen actividad física dentro de nuestra vida cotidiana, como subir por la escalera en vez con el ascensor, andar todo lo posible o hacer estiramientos.


PROGRESIÓN


Como venimos comentando, es fundamental que la introducción de ejercicio físico sea progresiva. En este sentido, para el inicio de la práctica en personas sedentarias podemos dividir la progresión en 3 estadios: 

-       Estadio de condicionamiento general (4 semanas aprox.): consiste en la familiarización con el programa de ejercicio. Debe tener un buen calentamiento (almenos 10-15 minutos) seguido de una sesión de 15-30 minutos de ejercicio y terminando con una buena vuelta a la calma (5-10 minutos). El trabajo debe ser a intensidades bajas o moderadas, y siempre incrementaremos, en un principio, la duración.
-       Estadio de mejora (4-8 meses): es la fase donde se consigue realmente la mejora de nuestro estado físico. El ritmo de progresión es más rápido, y hay una progresión sistemática de la frecuencia, duración e intensidad, pero nunca de todos los componentes a la vez.
-       Estadio de mantenimiento (a partir de los 6 meses): consiste en mantener el nivel físico que hemos alcanzado en las etapas anteriores. Requiere una dosis menor de ejercicio que la fase anterior, y es aquí donde podremos incluir más variedad y diversión en los ejercicios.

Nota: Es muy importante que todo programa de prescripción física sea planificado y supervisado por un profesional de las Ciencias de la Actividad Física y el Deporte.


Escrito por Dani Conill
Diplomado en Nutrición Humana y Dietética


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MITOS ALIMENTARIOS IX: sudar adelgaza

09 junio 2012


Como podéis ver el tema de las leyendas urbanas sobre la alimentación da para escribir con creces. Hoy tocaremos la creencia popular que el hecho de sudar hace adelgazar.
Sudar es un mecanismo fisiológico que posee el cuerpo humano para llevar a cabo la termorregulación. El hecho de perder agua permite al organismo refrigerarse en situaciones en que la temperatura corporal sube demasiado, como puede ser un ambiente muy caluroso o la realización de ejercicio físico.



Sudar hace perder peso a corto termino (en forma de agua claro está), pero en el momento en que bebamos agua nos rehidrataremos y volveremos a recuperar el peso perdido. Hay muchas personas que realizan ejercicio físico con fajas, ropa de abrigar o cuando hace calor por la creencia que así van a perder más quilos. Tremendo error. Además de ser peligroso para la salud (pueden producirse deshidratación, golpe de calor, lipotimia, etc.) no van a lograr el objetivo que persiguen pues al terminar el ejercicio van a tener que tomar agua y se va a recuperar el peso “perdido”.
El objetivo de perder peso debe ser perder grasa, y eso solo se consigue con un plan bien organizado de ejercicio físico y a largo término. El hecho de sudar más o menos cuando se practica deporte es simplemente una cuestión de regulación y cada persona posee tasas de sudoración muy diferentes.

Visita también otros mitos alimentarios de esta serie:

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CONSIDERACIONES SOBRE LOS HUEVOS: NUTRITIVOS Y SEGUROS PARA EL CONSUMO

03 junio 2012


POCA INFLUENCIA EN EL COLESTEROL EN SANGRE

Antes se creía que el consumo de huevos y otros alimentos ricos en colesterol elevaba los niveles de colesterol en sangre, aumentando el riesgo de padecer enfermedades cardíacas. Sin embargo, en la mayoría de los casos el colesterol de la dieta no influye tanto en los niveles de colesterol en sangre como la cantidad y el tipo de la grasa consumida, excepto en aquellas personas sensibles a su consumo. Las últimas pruebas indican que la ingesta de huevos como parte de una dieta equilibrada no aumenta de forma significativa los niveles de colesterol en sangre en la mayoría de la gente. Los estudios que investigan las causas alimentarias de las enfermedades cardíacas no han hallado ninguna relación con el consumo habitual de huevos (hasta seis huevos por semana), ni siquiera en personas con niveles previos de colesterol elevados.



OTROS ASPECTOS RELACIONADOS CON LA SALUD

Se sabe que los alimentos ricos en proteínas aumentan la sensación de saciedad que se experimenta después de comer. Por ello, los científicos han decidido investigar si los huevos influyen en esta sensación de saciedad y en el control del peso. Dos estudios controlados comprobaron que tomar huevos para desayunar puede saciar y reducir el consumo diario de calorías. Un estudio halló que tomar huevos para desayunar por lo menos 5 días por semana durante ocho semanas fomentó el control del peso en sujetos con sobrepeso que realizaban una dieta baja en calorías, en comparación con los sujetos que desayunaban panecillos o bollería con un contenido calórico similar.

Se cree que los carotenoides luteína y zeaxantina, presentes en grandes cantidades en la yema del huevo, reducen el riesgo de padecer degeneración macular relacionada con la edad, una de las principales causas de ceguera en la tercera edad. Un estudio reveló que ingerir seis huevos a la semana durante 12 semanas aumenta los niveles de zeaxantina en sangre y mejora la densidad óptica del pigmento macular. La mayor densidad óptica del pigmento macular reduce el estrés que produce la luz solar en el ojo (fotoestrés).

Un huevo de gallina pesa de media unos 60 grs y está compuesto por la cáscara (11%), la clara (58%) y la yema (31%). La clara está formada principalmente por agua (88%) y proteína (9%), mientras que la yema contiene básicamente agua (51%), grasa (31%) y proteína (16%). Los nutrientes clave presentes en los huevos (Tabla 1), la vitamina D, vitamina B12, folato y selenio, se han asociado con la prevención de trastornos crónicos como las enfermedades cardíacas, la hipertensión, el deterioro cognitivo y los defectos congénitos. Un estudio realizado en el Reino Unido reveló que los adultos que consumen tres o más huevos por semana ingerían cantidades significativamente superiores de vitaminas B12, A y D, niacina (vitamina B3), yodo, zinc y magnesio, en comparación con quienes no consumían esta cantidad. El contenido de vitamina D de los huevos, relativamente elevado, es importante ya que hay pocos alimentos que sean fuentes de esta vitamina. En general, la composición nutricional de los huevos puede modificarse a través del pienso con el que se alimenta a las gallinas. Este es el caso, por ejemplo, de los huevos con un contenido superior de ácido docosahexanoico (DHA), un ácido graso poliinsaturado importante para el desarrollo del cerebro, la vista, el corazón y otras funciones corporales.

CUESTIONES DE SEGURIDAD ALIMENTARIA

Los huevos pueden contener Salmonella, una bacteria relacionada con brotes de intoxicaciones alimentarias. En 2008, la Unión Europea confirmó 131.468 casos humanos de salmonelosis, infección por Salmonella, procedentes de todas las fuentes. Esta cifra representa menos de 1 caso por cada 3.000 personas. Un informe de 2007 elaborado por la EFSA recopiló información sobre la Salmonella encontrada en granjas productoras de huevos en 23 países europeos. Aunque la media de detección de especies de Salmonella relevantes para la salud pública era del 20%, las cifras variaban del 8% a más del 60% en los principales países productores de huevos. Desde entonces, las medidas tomadas por el sector, incluyendo la introducción de estándares, los programas de vacunación y la mejora de las condiciones de las aves en toda Europa han sido esenciales para reducir considerablemente la contaminación por Salmonella.

La forma de conservar y utilizar los huevos en casa también influye en su seguridad. Es posible encontrar restos de Salmonella en las cáscaras, por lo que es esencial lavarse las manos después de manipular huevos para no transmitir microorganismos a la comida cocinada. Sin embargo, las cáscaras de huevo no deben lavarse ya que están recubiertas por una capa protectora denominada cutícula que evita que las bacterias penetren a través de los poros de la cáscara. Si el huevo está sucio y hay que lavarlo, debe utilizarse inmediatamente. Los huevos rotos y sus cáscaras deben tirarse a la basura enseguida y no deben guardarse junto a los huevos intactos.

La refrigeración de los huevos durante toda la cadena alimentaria reduce el desarrollo de la Salmonella, pero no se ha comprobado que reduzca el riesgo de contraer salmonelosis. Es importante no cambiar repetidamente la temperatura a la que se almacenan los huevos ya que puede hacer que se condense agua en la cáscara, lo que promovería el crecimiento de bacterias y su penetración en el interior del huevo.

Dado que la Salmonella muere al entrar en contacto con calor, se recomienda cocinar todo el huevo de forma apropiada a una temperatura mínima de 70º C para mejorar su seguridad. Los grupos más vulnerables, como las personas ancianas, enfermas, niños y mujeres embarazadas deben consumir siempre huevos que se hayan cocinado completamente. La Organización Mundial de la Salud (OMS) no recomienda consumir alimentos que contengan huevo crudo o parcialmente cocinado, tales como mayonesa, salsa holandesa, helado o algunos postres como mousse, especialmente si se han preparado en casa con huevos no pasteurizados. Se recomienda encarecidamente limpiar y desinfectar las superficies donde se haya batido huevo crudo y garantizar que no haya otros alimentos preparados en las inmediaciones mientras se baten.

Los consejos de seguridad alimentaria promueven el uso de productos de huevos pasteurizados en lugar de huevos crudos. Existen reglamentos de la Comisión Europea sobre los requisitos especiales de higiene para la fabricación de productos que contienen huevo.



CONCLUSIONES

Los huevos representan una valiosa aportación a una dieta sana y equilibrada ya que proporcionan proteínas de gran calidad y varias vitaminas y minerales. En Europa, las medidas para mejorar las prácticas de producción y procesado de los huevos y los alimentos que lo incluyen mejoran continuamente para aumentar su seguridad. Gracias a ello y al seguimiento por parte de los consumidores de una serie de pautas de seguridad alimentaria en su hogar, los huevos constituyen un alimento seguro y nutritivo que añadir a nuestra dieta. En general, el riesgo para la seguridad alimentaria del huevo es insignificante y, sin embargo, su contribución a una alimentación sana en todos los grupos de edad es notable.

Fuente: Consejo Europeo de Información sobre la Alimentación  (EUFIC)
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